La generación del día a día y los “fast food: ¿the Milenials?”

Me siento a escribir después de más de un año en silencio y me parece hasta extraño. Procuraré que las palabras salgan por mis dedos como lo hacían hace 12 meses y este batiburrillo de pensamientos y ganas de gritar al Globo consigan explicarte, querido lector lo que hoy intento compartir contigo, que no es poco.

Hace una semana me encontraba en un cumpleaños rodeada de personas “mayores” que hablaban sobre la vida, la economía, la política, los “spinners” y temas de seriedad considerada.

He de hacer un apunte antes de continuar con mi monólogo; y es que desde mi punto de vista “mayores” son aquellos que se escapan de mi generación y probablemente si los análisis del “WordPress” no me engañan, también de la tuya. Llamo “mayores” a la generación que nos dio la vida y nos enseñó a montar en bici, esa misma que nos enseñó que comer y hablar al mismo tiempo estaba mal y que había que despedirse de todo el mundo antes de abandonar una habitación.

“Mayores” son la generación que nos hizo invencibles, nos dio las alas de elegir lo que quisiéramos ser de “mayores”, eso sí, con su consentimiento y evaluación siempre por delante.

Los “mayores” nos dieron a elegir de entre un amplio abanico de profesiones aceptables y adecuadas para ganarse un porvenir, y luego nos vendieron la moto de que si lo hacíamos con pasión nos comeríamos el mundo, nos hicieron creer que cambiaríamos las cosas, que seríamos los protagonistas de nuestra propia comedia romántica sobre la superación y el alcance de los sueños, con cortinilla de estrellas y tipografías empalagosas, esa.

Y entonces llegó la crisis.

Y los “mayores” dejaron de saber que hacer. Muchos perdieron sus trabajos, otros necesitaron más de uno para seguir construyéndonos aviones de papel y pagándonos las extra escolares que sin duda marcarían la diferencia entre ser un “parado” y un “contratado”. Fútbol, baloncesto, piano, karate, inglés, francés, chino, alemán, suomi, tayimi… Nunca era suficiente, teníamos que formarnos bien porque sino… sino no tendríamos trabajo en aquello soñado, en lo que sin lugar a dudas seríamos distintos y únicos. Ese camino difícil de aclarar y más aún atragantado entre tanta actividad para mantenernos ocupados, para ser productivos.

Cuántas veces confundimos la productividad con las horas invertidas en realizar una actividad…

Creo que fue entonces cuando a aquellos que se atragantaban con tanto hacer por hacer y sin ver la luz de un futuro próspero, entraron en colapso y la pereza, la desmotivación o simplemente la pachorra se apoderó de ellos y les bautizamos como “ninis”.

Es curioso como en una sociedad donde la tasa de desempleo juvenil ronda el 40% del total de la población  nos atrevemos a teñir el término “nini” de adjetivos peyorativos. De nuevo la única forma de evitar ser un “nini” era ser un “estudiodetodomientrastantoporsiacaso”.

El caso, nosotros nos creímos el cuento y como tampoco teníamos nada que hacer pues empezamos a estudiar carreras, habíamos crecido creyendo a fuego que cuanto más duro estudiáramos mejores trabajos conseguiríamos y ahí seguimos, pidiendo becas para seguir estudiando. Una, dos, tres… un máster, otro curso, cinco idiomas… la formación fundamental para acabar convertido en el término de moda en nuestro país: BECARIO.

He sido becaria y he aprendido como una campeona, no tiene nada de malo cuando lo que se hace es aprender, pero creo que de nuevo la picaresca del país nos lleva a aprovecharnos una miajita del término.

En fin, que en polémicas no iba este post, no quiero asustaros después de un año sin escribir… 🙂

A lo que iba, “los mayores” en aquella comida que os comento criticaban a mi generación por ser una generación muy empanada, muy quejicosa, muy malcriada y con pocas ganas de escalar sufriendo todo lo que ellos hicieron, al fin y al cabo ellos vivieron una crisis en época de estar manteniendo una familia, vivieron momentos muy chungos… y nunca dejaron de intentarlo. Ellos que alimentaron a mi generación de extra escolares y mensajes de auto ayuda, ahora critican el producto obtenido.

Y ahí estaban, quejándose sobre mi generación, la generación que empieza a despegar ahora después de años de formación y telediarios pesimistas, después de etiquetas como “nini” y ofertas de empleo vacías.

Mi generación, la generación del becario, del joven que sólo sueña con convertirse en Youtuber para así tener una vida con sentido, ya sabéis una de esas en las que viajas y llevas ropa molona y encima la gente te quiere y vives de lo que te apasiona, vives de VIVIR. ¿Cómo no íbamos a querer eso? La realidad de nuestros mayores está cada vez más obsoleta, ¿por qué no inventar nuevas carreras, de esas que te alimentan el alma y te hacen vivir aventuras?

Mi generación adora los carteles con tipografías molonas y frases sobre la superación porque son nuestra verdadera Biblia. Adora a los Youtubers porque desearían ser ellos y disfrutar de una vida valiente y única. Nos comunicamos por redes sociales en las que actuamos como protagonistas inmediatos de nuestra peli y es ahí donde somos reconocidos por nuestra imagen y lo que nos “marca”. Elige tu filtro y haz realidad tu vida telemática, ¿qué más podríamos necesitar?

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No os culpo “mayores”, estáis siendo testigos de la des humanización de las generaciones próximas, de nuestra constante impaciencia, del “fast food” y la pérdida del sentido del hacer las cosas. Estáis siendo testigos del “nini” mental, del que absorbe y deja de preguntarse qué es lo que está haciendo o quiere hacer y os preocupa que el futuro que creemos sea superficial y de papel, que no sepamos luchar por ganarnos un porvenir.

Os daré un mensaje de optimismo y  de corazón, pronto seremos nosotros los “mayores” y aunque os cueste creerlo cuanto más confiéis en nosotros, más becarios contratéis como personal normal, más aceptéis a los Youtubers y entendáis de donde venimos nosotros, más tranquilos os quedaréis. No seremos ningunos “ninis”, hemos crecido viéndoos luchar a vosotros y en cualquier caso… Mi generación no puede ser peor que la siguiente ¿no?… Al menos no tenemos las 24h un “spinner” en la mano…

 

Continuará…

Emma Muñoz.

 

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