SALE EL SOL EN BRITISHLANDIA

Sobre la inestabilidad climática. Entendiendo la cultura inglesa.

Es oficial, Dios existe. Después de meses de plegarias y gritos al cielo, se ha cumplido. Es real. No es un espejismo fruto de mi ilusión y las toneladas de azúcar que coleccionan mis pantorrillas…no. Señores, ha salido el sol.

Queridos amigos españoles que me leáis desde cualquier rincón inhóspito de la Inglaterra más verde y húmeda, si al leer esto sentís un rayito de sol atentando devolveros la vitamina C que parece haber abandonado vuestro tejido epitelial… no sigáis leyendo. Salid a la calle y disfrutad del maravilloso placer de escuchar los pájaros cantar, las mariposas revolotear y el cielo del color original… azul, no blanco… azul.

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Hace ya meses que dejé España, meses que ya suman más de medio año.

Cuando llegué recuerdo que vine asustada y advertida por el clima y la famosa inestabilidad meteorológica y debo reconocer que acabé acostumbrándome, o mejor dicho… olvidando lo genial que era salir a la calle a pasear. Hasta que hoy, por primera vez en meses he vuelto a ver salir el sol. A ver quién es el guapo que me lo quita mañana.

Es una de las realidades más cuesta arriba que cada amanecer me acompañan, abrir la ventana y ver el mismo cielo blanco sin una tonalidad de celeste o turquesa, niente. Blanco. Lo más posible es que cambie a lo largo del día, así como unas veinticinco veces, y pase de blanco con viento a blanco con lluvia, blanco a secas o blanco brillante… lo que quiere decir que el sol nos está recordando que sigue allí… detrás de las nubes.

Desde que llegué a la comarca siempre ha sido así, una constante lucha entre las nubes cargadas con una lluvia de palabras aún por aprender y vendabales de estructuras gramaticales inconexas.

No pierdas la paciencia, no desistas, me repetía casi a diario. Los vientos del norte siempre ayudan a los locos cargados de esperanza, rayos de vida y truenos de optimismo. De manera que al final, aprendes a cantar bajo la lluvia. Pero sueñas con volver a sentarte bajo el sol.

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Vivimos en un circuito intermitente de chispeo y jerséis de lana y lo hacemos para aprender a volar. Cada día cojo la bici para ir a trabajar, aún siendo consciente de que hay una gran probabilidad de volver a casa calada, pero lo hago para aprender a pedalear más rápido, aprender a aguantar lo que me echen, madurar. Aprender a reír sobre mojado.

Y como yo, mil compatriotas, compañeros de mediterráneo o extranjeros acogidos, hemos aprendido a vivir sin llorar al sol cada día de primavera. Hemos descubierto lo que es pensar en dos idiomas, escuchar en más de cinco, hablar en más de dos y llorar… llorar solo en uno, el nuestro.

Hemos descubierto lo que es vivir en streaming, caminar sobre los charcos, conjuntar chubasqueros y perder la vergüenza por cerrar las PicsArt_1462473509974capuchas hasta la punta de la nariz, solo para evitar un resfriado. Que no me digan que no nos hemos hecho mayores, grandes, eternos… infinitos.

Nuestras redes sociales se llenan de noticias de nuestros íntimos amigos que nos animan a continuar con nuestras lluvias monzónicas, llenando nuestras pantallas del móvil de fotografías en terrazas con cervezas por un euro. Ellos sí que son amigos de verdad… Los que crean los “hastags” de: #YaHueleAVerano cuando a mí me huele más bien a “fish and chips” y chimenea encendida, y ya estamos en Mayo.

Queridos amigos que creemos que nuestro trabajo es estresante cuando nos toca cubrir el almuerzo del domingo, limpiar la vajilla de una boda o servir a un grupo de turistas alemanes… ¿Os habéis parado a pensar lo que supone ser “El hombre del tiempo” en Inglaterra? Ajá… Para callar nuestros lloriqueos varios.

Llover o no llover… he ahí la cuestión.

De lo que estoy segura es de que nunca más criticaré a un inglés por ponerse sus chancletas cuando yo me estoy muriendo de congelación siberiana. Palabrita. Porque ahora les entiendo por completo.

En Inglaterra hay días en los que sale el sol, probablemente 25 al año, de los cuales 20 serán días entre semana. Por lo tanto se quedan en un total de 5 días en los que ellos pueden disfrutar de su ropa de verano. El día que sale el rayo de sol es el momento de ayudar al cuerpo a coger un poco de luz solar natural y ahorrarse un dinerillo en cabinas de rayos UVA, es más sano, más económico y se ahorran parecer naranjito caminando por la calle.

Esta teoría va ligada a su tendencia al nudismo cuando salen de fiesta.

Es el único momento en el que el cuerpo, haga frío o no, deja de sentir el frío polar y las lluvias torrenciales. De ahí que las mujeres opten por los vestidos de colores imposibles, tallas tamaño vestido de comunión y outfits estilo “Barbie, se va de rave”. He de reconocer que algunos se pueden confundir con redecillas de butifarra, no porque las muchachas estén gorditas, sino porque se empeñan en llevar cinco tallas menos de las que les corresponden y aquí no he sido capaz de encontrar explicación alguna… lo mismo es para cortar la circulación de la sangre y dejar de sentir el fresquirri nocturno… lo mismo no.

De modo que el modelito que llevaría en España Maria Isabel con 10 años para ir a dar una vuelta por el paseo marítimo de Torrevieja a mediados de Agosto con alerta naranja y vientos africanos de poniente, constituye aquí el toque “cool” de toda noche de fiesta.

No serán Versacces, pero no vinimos aquí para prepararnos para la pasarela Cibeles, sino para volvernos bilingües y darnos una oportunidad de empezar a ser “útiles” y ser pagados por ello, y en la balanza a final de mes, podemos sobrevivir sin las terrazas en primavera, pero no sin un plato encima de la mesa.

Querida España, amiga, a ver cuándo nos haces más fácil el volver a casa. Yo ya me he cansado un poco de hacer cafés y poner lavavajillas y echo mucho de menos a los míos. Soy consciente de que me estoy haciendo inmortal y más fuerte que el mismisimo “Hulk”, pero ver más frecuentemente a mi madre me haría muy feliz y daría todo el oro del mundo por saber lo que es tener un trabajo cualificado, sin ser engañada, allí donde mi corazón tira cada vez que cambian las corrientes de aire en Britishlandia.

Que sí, que he aprendido a llover sobre mojado, a cantar bajo la lluvia, a callar los truenos y relámpagos. Ha salido el sol y me he apuntado a sacar los shorts sin medias y copiar a las británicas con mi blanco nuclear estilo Edward Cullen.

He descubierto lo que es pensar en inglés y sentir en español. Lo que es estar sola y querer abrazar a alguien querido. Sé que tras las nubes siempre está el sol, al otro lado del Canal esperando mi regreso.

 

Querida España, danos la oportunidad de enseñarte de lo que somos capaces.

 

Querida España, danos la oportunidad de volver a casa.

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