Esperanzas laborales británicas. Españoles por agencias de empleo. Sobre cómo llegué a cantar en un asilo.

Descubriendo los “guardian angels”.

Apretaba el mes de Noviembre en Britishlandia, las gaviotas sobrevolaban la calle principal de la comarca y el lechero llegaba cada mañana puntual a su cita con nuestro “delivery” diario.

  • Cinco botellas de desnatada y diez de semi, gracias.

La normalidad gobernaba el asfalto impoluto recién pulido por la máquina de limpieza que hacía su tour rutinario a las 8 de la mañana. Encendemos el horno y el olor a croissant recién hecho invade el salón de la cafetería más “cozy” de toda la comarca bautizada por una españolita como: El jardín del Edén.

Escondida entre el olor a pan recién tostado, café molido y la música de James Blunt acompasada con el grifo de hervir leche, me disponía a comenzar una jornada más en mi puesto de trabajo. Un día más de inmersión lingüística, un día menos para volver a casa, un día de esos en los que sabes que puedes predecir todo lo que va a pasar, porque básicamente es lo que pasa todos los días.

Mismos clientes, mismas caras, mismas conversaciones sobre la lluvia, las nubes y las estrellas. Mismas ansias por hacer algo más.

He de admitir que ante todos los adjetivos que me describen el de “culo inquieto” es sin lugar a dudas el más certero, es así. Soy una chica de ciudad y si no lo tenía claro esta experiencia me lo ha dejado impoluto. La hecatombe del metro de Madrid, el ritmo de las calles, los proyectos que van y vienen, ensayos en salas de actos, actuaciones en terrazas, exámenes a media tarde… lo que se dice el no parar ni parando. “Cést la vie”, no se me puede cambiar a mí, como tampoco se puede cambiar el maldito “weather” británico y te acabas acostumbrando, pues eso. (Prosigo con la narración).

Una vez superado el inglés nivel: hacer cafeses y limpiar lavavajillas; y cuando ya comienzas a notar que las canciones de Beyoncé no te suenan a suajili y que dominas el vocabulario “Unit 3”:  ir a la farmacia y explicar qué te duele, te vienes arriba y te sientes bilingüe y entonces te planteas dar el siguiente paso: buscar algo más. Si eres de los míos y vives en una aldea, comprenderás que el algo más queda limitado a: pilates en un centro cultural o… cambiarte de trabajo.

Y aquí llega el mayor “challenge” porque lo que es ser camarero, cocinero, cafetero, kitchen porter, au pair o camarero otra vez ya… no te vale, se queda corto. Y entonces es cuando te planteas dar el siguiente “step”: recepcionista, oficinista, contable, acomodador… cualquier cosa que requiera “improve” el inglés escrito y hablado y que se aleje de una explicación exhaustiva de un sándwich de pollo o el nombre de los artilugios de cocina. Y aquí llega el reto: ¿por dónde empezar?.

Puedes empezar por Internet. Te haces una idea de los sitios y las ofertas que se mueven, los primeros días empiezas a enviar currículums como iconos de whatsapp, un poco sin sentido. Y lo que empieza siendo una madura y racional búsqueda de trabajo online, acaba convirtiéndose en la mayor fuga de imaginación posible; vaya que empiezas mandando currículums para recepcionista y acabas aplicando para guía de un museo sin saber muy bien ni cómo. Así fue mi primera criba. Y la segunda. Y la tercera. Y cuando ya empezaba a desesperar sin entender muy bien por qué nadie me respondía me di cuenta de mi error:

  • Nena aprende a escribir la despedida de los emails.
  • ¿Por qué? ¿Qué he puesto?
  • King Regards…
  • Ah pues muy bien, muy profesional, ¿no?
  • Emma, es “Kind Regards”, no “King Regards”…

Intenté achacar mi analfabetismo al complejo de princesa generado en mi primer mes con todo pagado regalo de mi señor padre, pero lo cierto es que ese complejo fue aniquilado el primer día que tuve que fregar el lavavajillas de la cafetería tras una merienda de colegio.

Agotado el recurso búsqueda laboral internáutica, me dispuse a adentrarme en el universo: agencia de trabajo. He de añadir que todo esto iba de la mano de encontrar un reto lingüístico y aprender más a desarrollarme como comunicadora, porque la vida en el jardín del Edén seguía siendo apacible y acogedora.

Pues bien, me preparé para adentrarme en la agencia de trabajo con el mejor curriculum traducido y una blazer del ZARA de hace veinte años. Había hecho mi lista con mi top ten de agencias de empleo cuando me embarqué en mi ruta.

Primera agencia de empleo: cerrada. Segunda agencia de empleo: desplazo de oficina. No fue hasta la cuarta agencia de empleo cuando logré mi propósito inicial: traspasar la puerta de entrada.

Al llegar me topé en la recepción con una rubia británica de buen aspecto y uñas mutantes del tamaño de percebes con ositos de colores y bolitas de purpurina rosa. Muy “pofesional” me parece esto.

  • Hello I would like to leave my CV.
  • Oh sure, Where are you from?
  • Spain.
  • Ok…

Su cara cambió solo por escuchar la palabra “Spain” y yo pensaba: se habrá mirado las uñas la ridícula esta.

  • What kind of job are you looking for?
  • Well I would like to find something in an office, maybe as a receptionist…
  • Do you have any experience in the UK?
  • Yes, five months as a barista.
  • Oh, haha I mean as a receptionist…
  • Oh no, not yet. But I had it as a receptionist in Spain. I worked as a TV producer for Mediase…
  • Yeh, yeh.. Well the problem is that without experience in the UK, we cant offer you a job in this area.

Vamos a ver rubia de bote, es imposible que yo tenga experiencia en el Reino Unido porque básicamente hasta hace cinco meses no estaba en el Reino Unido. Esta tía es subnormal.

  • There´s anything you can offer me with my CV, my degree and my level of english?     I´ve got an Advanced…
  • Yes, we have a formulary for foreign people. I can offer you a job in the industry area.
  • Industry?
  • Do you have safety boots?

¿Te refieres a una fábrica? ¿Qué si tengo botas de seguridad? Esta mujer no ha visto mi cara de princesa, mi curriculum, mi tamaño o directamente no ha escuchado un carajo de lo que le he dicho.

  • Im not looking for a job in the industry area. You dont have anything else?
  • Well not at the moment for you…
  • The thing is that I´m not only spanish, you see. I´ve got lots of qualifications and experience…
  • Yes but not in the UK…
  • And how am I supposed to get the experience in the UK it if you dont give me the chance?

Fue deprimente. Rompí mi lista, salí de ese zulo y maldije sus uñas de tailandesa malvada hasta que me quedé sin palabrotas que farfullar.

Qué triste. ¿Por qué me siento tan triste? Yo no he venido para encontrar trabajo pero, me doy cuenta de que en España no podremos encontrar uno aunque tengamos cincuenta masters y veinte doctorados y venimos a Inglaterra cargados de sueños y al menos encontramos cobijo. Cobijo como camarero, kitchen porter, au pair, o frega suelos.

Y cada noche, mientras limpiamos el mejunge que algún niño gracioso ha hecho con su batido de frutas y su brownie de chocolate recordamos las horas sin dormir para hacer ese último examen, la beca mantenida durante cuatro años que tanto nos quitó el sueño, las prácticas que terminaban a las 22h y eran sin remunerar, los sándwiches atragantados en el metro… Mi casa. Mi casa y mi madre. Mi casa mi madre y mi padre. Mi casa y mis amigos. Mis amigos y mi ciudad. Mi ciudad y mi idioma. Mi idioma y mi confianza cuando me creía la reina del mundo al combinar ensayos, exámenes, prácticas, ruedas de prensa, estrenos en salas, noches enteras escribiendo, publicaciones en periódicos y grandes abrazos de orgullo de mi madre. Pero aquí da igual porque, porque no tengo experiencia en el Reino Unido. Y en España peor porque aunque trabaje limpiando suelos ni si quiera me pagarán de forma justa.

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Tras media hora de reflexiones pasadas por agua, algunas lágrimas de cocodrilo y una llamada vía Skype a mi familia, el día terminaba y a la mañana siguiente debía volver a mi cafetería, donde al menos siempre olería a croissant calentito por las mañanas.

Martes, 8 de la mañana, un día más en la comarca. Un día menos para el sabor del cocido de mamá por Navidad.

El día se planteaba igual que todos, normal y aburrido hasta que…

  • Can I have a black americano?

Le llevé el café a la mesa y mientras acercaba la taza a sus manos pude ver como sus cuadernos de pentagramas asomaban al borde de una agenda a punto de ebullición.

  • Im really bussy, I´ve got 10 shows just this week… And look the next week… again.

Esto es muy normal en la cafetería, la gente te suelta la chapa de gratuito, pero así se practica el inglés de lo lindo.

  • Are you a musician?
  • Yes I am, I play the piano.
  • Oh thats great, I´m a singer and an actress.
  • Oh thats brilliant, Where do you perform?
  • Well, I did it in Spain…

La conversación prosiguió y tras cinco minutos de charleta, nos intercambiamos los teléfonos y ahí quedó la cosa.

El resto de la semana la rutina siguió su curso y el frío invernal amenazó con sus heladas en el capó de los coches invertidos. La depresión cobraba forma factible cuando de repente un día recibí su mensaje. Tres audiciones, 10 contactos diferentes para cantar en distintos sitios, nombres, datos, información… esperanza. Fue un ángel de la guarda porque me dio: esperanza.

Aún resonaban las palabras de la rubia de bote en mi cabeza diciéndome: “no lo hagas, es una tontería, no te responderán si quiera a la llamada, esto es Inglaterra con la cantidad de músicos que debe haber”.

Y no lo hice. No llamé… en aquel momento.

Me costó un mes y medio recuperar mi confianza y olvidar las palabras de la rubia estúpida, armarme de valor para entender una conversación telefónica y esperar.

Cinco acentos diferentes, cinco residencias de ancianos y dos zumos de cranberry más tarde, lo conseguí.

  • ¡Mamá! Me han programado para cantar en un asilo.
  • ¿Qué vas a cantar en donde?
  • En un asilo.
  • Esto es nuevo.
  • Ya sabes que en la comarca hay mucho ancianito…
  • ¡Enhorabuena cariño! ¿Y cuando es?
  • En dos semanas, tengo que prepararme una hora de concierto y.. ¡¡me pagan!!.
  • ¡¡Bien!!… ánimo mi vida.

Porque ellos siempre creen en mis locuras, por eso siempre serán llamados: casa.

Lo cierto es que yo era consciente de lo surrealista que era la situación en cuestión pero opté por no pensarlo mucho. Dos semanas de estudio, ensayos con el amore, críticas constructivas de los señores gatos de la casa y 9 días lluviosos después, me planté en la puerta del asilo con un ordenador con veinte pistas de karaoke, ni un guión escrito y toneladas de coraje que no sé muy bien de donde saqué.

  • Good afternoon, I´m Emma and I´m coming to sing…
  • Oh yes, come in we were waiting for you.

Supongo que este es uno de esos momentos que cuentas a tus nietos. Uno de esos instantes en los que te das cuenta que vivir es un deporte de riesgo constante y que la suerte se hace con trabajo, con amor y con fe.

Porque así es como aparecen las oportunidades,¿no?. Con ángeles de la guarda y kilos de locura.

 

Continuará…

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6 comentarios en “Esperanzas laborales británicas. Españoles por agencias de empleo. Sobre cómo llegué a cantar en un asilo.

  1. Muy linda tu historia y como escribis .Me atrapo enseguida.A todos los imnigrantes nos pasa lo mismo,pero de aca a un par de años ya vas a sentirte mas comoda y te vas a reir de tus locas experiencias.

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