La vida antes de las cinco. Cómo tener “so much fun ”.

O AL MENOS CÓMO INTENTARLO.

En un lugar al otro lado del Canal de la Mancha, de cuyo nombre no puedo acordarme porque es imposible de pronunciar sin escupir tres veces por el camino, vivía una risueña y castiza princesa que decidió mudarse a Britishlandia por allá el mes de Septiembre, cuando los pajaritos cantaban, las nubes se levantaban y los días duraban hasta el ocaso temprano comprendido como 7 PM.

Llegó trasladada desde Madrid, capital de España, ciudad conocida por su ritmo vertiginoso, su actividad constante, su jaleo mundano, paseos de “Metro”, ocaso de turistas, teatros, cines, amigos… vida.

Por aquel entonces ella desconocía el paraje inhóspito en el que se había adentrado, pero confiaba que el tiempo y el nuevo idioma le proporcionaran la “vidilla” que tanto espera uno cuando da el salto para mudarse al extranjero. Digamos que, desde España las anecdotas de la gente trasladada a Inglaterra se caracterizan por vidas milimetradas de actividades, trabajos, cursillos y pintas en pubs de madera de roble y dianas de plástico en la pared. Matizaré que eso existe, se llama mudarse a Londres o a una ciudad… no a la comarca.

Comarca, paraje, terreno, contorno… llamémoslo “Crichu”.

Cuando yo me vine a Britishlandia, vine prevenida del aislamiento voluntario de todo contacto español en un perímetro de seguridad de más de una milla promovido por mi objetivo fundamental: bilingüismo. De lo que no me habían avisado era de el aislamiento de contacto humano, animal y tecnológico que amenaza con el temprano ocaso que aterriza a las 5 PM en invierno (lo que viene siendo muerte absoluta de la esperanza de vida en el universo y si encima es domingo este proceso se produce antes si quiera de la hora de la siesta).

Durante mis primeras semanas de escuela y vida de princesa nivel Advanced (lo que viene siendo no trabajar y dedicarte solo al idioma y a asentarte) descubrí muchos métodos de divertirme con los que matar la morriña y las ansias de gritos de rellano. Era verano, por lo que los paseos por la tarde en las reservas naturales eran todo un acierto: actividad sana y bonita, buen contacto “pa” empezar.

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Comencé mi aventura asistiendo a una escuela cristiana (que no católica, ojito que es muuuuy diferente) por lo que mi inmersión nativo-ociosa se basaba en todas las actividades que proporcionaba dicha escuela, tales como: estudios de la Biblia, cenas internacionales en iglesias protestantes, viajes a otras ciudades, juegos de mesa y de nuevo estudios de la Biblia.

Queridos amigos de España, creo que no hacen falta palabras. No es que yo viniera esperando etilicarme en una rave a  menos 30ºC en un cutri parking de un pueblo perdío de la mano de Dios al sur de Inglaterra, pero lo que sí esperaba era algo más que jugar al Monopoli después de tres horas de explicaciones del Nuevo Testamento. Y esto sólo era mi primer mes.

Al abandonar la escuela, me llevé grandísimos amigos y buenísimas personas. No abandoné la comarca, por lo que mis profesores me invitaron a acudir a su gran programa de ocio y tiempo libre las veces que quisiera.

Y pasaron los días, las semanas, comencé a trabajar, disminución del tiempo libre y empecé a escribir.

Como ya sabéis, encontré trabajo primero en un hotel de cuyo nombre no quiero acordarme y luego empecé en el jardín del Edén, cafetería cuca por excelencia donde todos mis compañeros rondaban los veintipocos: ¡aleluya!.

Y digo aleluya porque se me ha olvidado añadir un matiz a mi anterior explicación de la comarca: vivo en uno de los pueblos con mayor tasa de ancianidad de todo el Reino Unido. Aquí además de sacarte el título de Advanced te regalan puntos por esquivar los carricoches de los abuelitos en las aceras de los comercios, con un escenario sin igual, la fiesta está garantizada. De ahí que encontrar compañeros de trabajo con acné me hiciera tener la piel de gallina. ¿Cómo se divertirán ellos? ¿Serán miembros de alguna sociedad juvenil? Más sencillo: alcohol.

Paréntesis a parte, nunca me habían informado de la cantidad de este compuesto químico que son capaces de ingerir los británicos. <<Pero si son muy “polites” y beben té a las cinco>> me decía a mi misma. Si, té a las cinco y whisky a las siete.

Con la caída de las primeras hojas de otoño, deseché la idea de iniciarme en el alcoholismo y opté por introducirme en toda aquella actividad cultural un poco apetecible. Cogí la guía del ocio de la comarca y me deslumbré con la cantidad de propuestas a elegir: taller de ganchillo, cocción de cerámica, cocina de pasteles, pintura al óleo y yoga para mayores. Creo que por aquí vamos mal.

Nunca abandonas la idea de empezar a hacer deporte, al menos no por completo, pero cuando te das cuenta que el otoño se aproxima y los días de lluvia son 7 de cada 6 entonces olvidar la idea de correr por las tardes sin pagar un gimnasio es bastante factible. Sin embargo sustituyes este propósito por el de ir a hacer la compra. Operación LIDL, como me gusta llamarlo. Es una rutina semanal que consiste en media hora caminando contra el viento hasta divisar a lo lejos el cartel amarillo luminoso anhelado: LIDL. Cargar una mochila y dos bolsas en cada brazo y por intentar ahorrar tres libras de autobús hacerte la media hora pero esta vez pasada por lluvia y el huracán Katrina, porque  la ley de Murphy es así de cabrona, que le vamos a hacer. Eso sí, al llegar a casa has ejercitado biceps, triceps y todos los “ceps” existentes de la anatomía humana y encima gratis…

De vez en cuando me pasaba por mi escuela, saludaba a mis compis y compartía el momento té con ellos. La señora de la recepción me saludaba con todo tipo de adjetivos adorables y me pasaba el parte de alumnos nuevos y actividades semanales. Aún recuerdo el momento de excitación masiva que llegó a mi cuerpo cuando al llegar una mañana cualquiera la recepcionista me dijo:

  • Oh Emma, nice to see you today. Would you like to join us in the next activity of the week? Is going to be amazing!
  • Really? What´s about?
  • Its “barn dance”. A really tradicional and typical dance of this area. You must do it, it will be great.
  • Mm… ok. Lets try it!

Yo desconocía por completo el objetivo de dicha actividad, pero decidí tirarme a la piscina y no verme tentada de nuevo por la mantita y la peli un viernes noche. Aún no había empezado con el teatro ni había conocido a Leti ni a MK ni todo lo que esperaba descubrir en las siguientes semanas.

Viernes, 19:30 de la tarde, Iglesia de San Peter, Barn Dance. Ni rastro de mis amigos de la escuela.

A las puertas de una iglesia con estilo sencillo y poco redundante una española se decide a entrar en una fiesta con el objetivo de bailar la “danza del granero”.

Creo que jamás olvidaré la imagen: una sala enorme con tarima de madera y crucifijos en las paredes. En el escenario una banda recién sacada de una película country de los 70 afinaba sus instrumentos. A ambos lados del escenario filas de sillas ocupadas por grupos del inserso y neveritas de dominguero, mesas portátiles y botellas de zumo de blueberry, qué narices hago aquí.

Me senté lo más cerca de la puerta por si en algún momento tenía que salir corriendo, las señoras a mi lado me sonreían y me ofrecían galletas de arándanos. La cosa no podía mejorar.

Mis amigos por fin llegaron (eramos al menos cuatro) y la danza comenzó.

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En la vida me he reído más como aquella noche.

La banda country setentera explicaba los pasos de baile con más salero que “Los del Río” mientras las mujeres a un lado de la fila chocábamos las palmas y pasábamos por debajo de los brazos de los hombres dando saltitos de la mejor forma posible: como Heidi en el campo. Era el surrealismo más divertido que jamás había podido imaginar. Esto si que es vivir la comarca.

Al terminar el baile nos fuimos a tomar unas pintas, nos reunimos con el resto de los chavales de la escuela y recobramos el sentido del mundo en el siglo XXI, pero jamás olvidaré aquella noche de saltos de cabra, sombreros de vaquero y señoras con galletas en cajas de latón sonriendo y llamando “dear” a todo el que se acercaba a su lado. Es otro modo de vida, y es la vida misma.

Y cuanto menos lo piensas, los días se suceden y la necesidad de sentirse entretenida va desapareciendo en forma de hechos, planes, personas que conoces y experiencias que sin plantearlo aparecen.

Así llegó el grupo de teatro en el que me metí, mi amiga Leti, el grupo de teatro del pato mareado, las tardes con CL, los descubrimiento de la ciudad, escribir, el amor, Él y… ella.

Ella llegó en el mejor momento de todos, con el invierno a La Isla.

Parte de la inmersión británica viene de la mano de una necesidad de encontrar algo que en España ya no tienes, ya no llega… algo que no ves y que necesitas. Huimos con la excusa de aprender inglés y buscar algún trabajillo y así ganar tiempo para analizar qué nos pasa y conocernos un poquito más a nosotros mismos, dar rienda suelta, ver en 3D nuestro presente para diseñar un futuro en un país de cartón como es ah0ra nuestra tierra y… crecer. Volamos para encontrarnos. Y así la encontré.

Con la caída del termómetro en Britishlandia, la llegada de la oscuridad a las cinco de la tarde y la aparición de todos los adornos de Navidad en los escaparates, Marta apareció a principios de diciembre en la comarca.

  • Buenas chicos, ¿alguna novedad esta semana en clase? ¿Alguien nuevo?
  • Ay pues sí, ha llegado una nueva y creo que es de tu ciudad.
  • ¿En serio?
  • Si, vamos a la biblioteca y así te la presentamos.

Ratón de biblioteca, nariz de Workbook y diccionario de Oxford como lectura de ocio. Cuando conoces a una persona asterisco lo sabes en el instante, te va a acompañar para toda la vida.

  • ¿De Madrid?
  • De Madrid.
  • Pues con lo que necesites aquí estoy y si quieres que quedemos para tomarnos un algo me dices.

Marta es una de esas personas en búsqueda y captura, una de esas almas que bailan por el mundo con ansia de saber y zapatos de flamenco y lo sabes cuando las ves hablar con las manos o cabrearse por una injusticia, no hay muchas en el globo.

Llegó con el invierno y con la palabra “aventura” tatuada en la frente y me ayudó a adentrarme en el mayor viaje que todo ser humano se puede adentrar: encontrarse entre los renglones del puedo y el no sé como.

La búsqueda del “qué cojones hago ahora” es una buena tarea que siempre llega de la mano del “one way ticket” al aterrizar en Britishlandia, pero no siempre lo hace con las primeras semanas, a veces se cuece a fuego lento como las lentejas con chorizo o la sopa de cocido y hasta sabe mejor.

Ella llegó con mi necesidad de ir dando respuestas y encontrando caminos. Se convirtió en mi amiga en cuestión de horas y hablamos largo y tendido.

Marta es coach profesional y me invitó a hacer un intercambio: charlas en inglés a cambio de ayudarme a encontrar las preguntas. Fue el mejor regalo de Navidad que nunca podía haber imaginado. A escasas semanas de la vuelta a España, el papel de celofán y las canciones con cascabeles… ella me dio oportunidades y alas.

El coaching es como el “one way ticket”, una corona de princesa que no aprendes a ver hasta que tu día a día se vuelve más soleado, aunque sea a 1500 Km aún en la comarca y apurando las reservas de jamón serrano. De pronto, no sabes cómo ni cuándo, pero algo ha cambiado. Sabes que está en ti porque no has hablado con nadie más que tu “coach” y el sol sigue poniéndose a las cinco de la tarde, pero ya no te afecta igual, ya no puede ser igual. Es cómo viajar sin rumbo determinado con un copiloto que cambia la música y te acerca los panchitos, siempre habrá pueblos por los que pararse y rutas a elegir, es… una Aventura.

A medio camino entre el creo y quiero descubres las maneras y empieza esa nueva Aventura. Y lo hará de la mano de todas las demás, con la Guía del Ocio, propuestas de borracheras a base de Whisky, paseos al LIDL o estudios bíblicos.

Gracias por regalarme un nuevo capítulo de Aventuras en Britishlandia.

 

Continuará…

 

 

 

 

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2 comentarios en “La vida antes de las cinco. Cómo tener “so much fun ”.

  1. Emma, me interesa mucho lo que has contado (aparte de que siempre me gusta leerte por cómo escribes, aunque lo haga de vez en cuando), ¿cómo se llama esa comarca? Quiero irme pero por poco tiempo, y busco esa inmersión que cuentas, aparte de que allí será más económico que irse a Londres no?
    Y si ya escribiste sobre la comarca solo dime el link y te leo. Todos esos datos e interesan. Gracias!! 🙂

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  2. Muy buenas Laura 🙂 Esa comarca se llama Christchurch al sur de Inglaterra, es más barato que Londres pero sigue siendo cara (al igual que todo UK), la inmersión está garantizada pero todo depende de cómo la lleves tú a cabo, es decir si te tiras a la piscina y huyes del contacto español para sacarle el mayor partido al idioma y la experiencia. Si quieres que te de más detalles de escuelas, alojamiento etc escríbeme por Facebook y hablamos. Un besito!

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