He aprendido a caminar por la lluvia. Una de amor.

He aprendido a caminar por la lluvia, y sabe a que en algún momento llamaremos a esto: casa.

El otro día volví a pasear por Britishlandia.

Salí tras un periodo de cuatro meses en los que solo he conocido el paseo de casa al trabajo del trabajo a casa y al bar de la esquina los días libres. Salí a caminar después de haber vuelto de casa por Navidad. Tuve la necesidad de volver a conectar con esta comarca en la que me encuentro y descubrir el motivo por el que los primeros meses me embarqué en la aventura.

Salí a pasear como el que se despierta tras una noche de resaca, sedienta de recuerdos y cansada de la oscuridad de la noche, pero desgraciadamente eran las cinco de la tarde y aquí a eso se le llama: noche. Noche cerrada, agujero negro, hecatombe, niente: dark.

No ha sido una buena racha, para qué engañarnos. La vuelta a Crichu se ha hecho más dura ahora que no tengo una fecha de retorno y no me atrevo ni a guardar la maleta, solo por el simple hecho de tenerla a mano cuando esta inundación caída de forma interminente en procesos de cinco minutos decida matarnos y tenga que ser repatriada.

Dicen que los días a partir de ahora van a ser más largos y que serán duros solo durante un par de meses, que la luz llegará a partir de Marzo y que la mejor forma de no deprimirse es pensar en el verano pero… ¿cómo no me va a dar el chungo si entro a trabajar y es de noche y salgo y es de “noche- agujero negro”?

Los paseos son terapéuticos, y ahora que la operación triquini comienza y la “Skinny milk” se ha convertido en un trending topic he de admitir que hasta tienen su encanto.

Pasear por las calles de Crichu… El otro día me reencontré con mi propia historia. Los rincones descubiertos el primer mes, las reservas naturales, el banco con el ramo de flores donde el italiano me pidió matrimonio, el muelle donde los gansos tamaño oso se comían los “fish & chips” de los guiris, el cementerio donde nos escondimos para asustar a los abuelillos en Halloween…

Halloween… el lugar donde dejé mi historia a medias, el origen de el segundo capítulo de la aventura, la que nunca fue una historia de terror, sino más bien…  de amor.

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Halloween, el maravilloso momento del año importado de la cultura anglosajona con el fin de hacer el agosto de las tiendas de disfraces y gominolas.

Halloween, esa estupenda fecha en la que las feas se visten de “pilinguis” y los guapos de jugador de rugby chamuscao y se enrollan entre sí sin ser consciente de quien va más etílico.

Halloween, ese fabuloso momento en el que los dentistas aplauden con las orejas a todos aquellos padres pasotas que llenaron las mochilas del cole de sus hijos con “petas zetas” y productos azucarados de colores imposibles.

Halloween, el día en el que yo me enfundo en pijama de ositos y veo “Pesadilla antes de Navidad” con las amigas y un bol de palomitas. Pero este año no.

Las celebraciones y fiestas llegaban y yo seguía en Brisithlandia. A una semana de mi cumpleaños y con la energía más auténtica que nunca me dispuse a decorar la cafetería más viva de toda la comarca con un montón de adornos sangrientos y mortífagos.

–              ¿Qué tal vas cariño?

–              Pues aquí voy mamá, a base de sandwiches de queso y galletas del Subway, voy a volver rodando…

–              ¡Ya será para menos!

El truco o trato es lo que tiene, y decorar una cafetería con gominolas… pasa factura y aquí comerán fatal, pero todos nacieron con una abuela pastelera.

La comarca seguía resultándome monótona y entrañable, empezaba a memorizar los nombres de los clientes más habituales, aprendí a preparar diez los tipos de café con leche con nombres de diseño y mi jefa me llamaba lovely: balance positivo. Pero había algo que no… no marchaba bien: necesitaba teatro.

No volví al grupo de teatro del inserso donde conocí al pato mareado, me deprimía bastante ser la única por debajo de 60 (sin contar a pato). Sin embargo comencé a mandar emails a todos los grupos locales y comarcales de teatro pero: no reply. Mi bandeja de entrada se sentía igual que mi cerebro creativo (ese que decidío empezar a escribir que sino… muerte a juego con Halloween).

Cinco de la noche (apunto que digo noche y no tarde como diría en España, que esto es remarcable), lunes, una semana para la dichosa fiesta de la muerte, oscuridad y silencio en la comarca. Empezaba a hacer el spiderman por el salón cuando de repente lo ví: bandeja de entrada:1.

–              Hi Emma im Anetta from the Impro Comedy Club of Southbourn. Are you interested in join the group? Would you like to come tonight to our Halloween show and see if you´d like to join us?

–              ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! CL, ya tenemos plan para la noche, nos vamos a un show de impro comedia de Halloween.12195900_10153644284699043_499110093968255556_n

Un paseo por la tienda de disfraces más tarde y ya estábamos listas y vestidas para el show de impro comedia.

 

 

 

Lunes, 7 de la cerrada noche, calle cortada.

–              ¿Emma estás segura de que es aquí? Yo no veo más que una academia para sordos…

–              Te juro que el GPS indica esa casa.

–              Pero es una academ…

–              ¡Vamos a la aventura!

Efectivamente, aquella academia de sordos estaba preparada para recibir a la mejor noche de los muertos.

–              Llegamos tarde, seguro que llamamos la atención.

–              ¡Que va hombre!

Abrimos la puerta, cabezas hacia atrás, es oficial: hemos dado el cante. Cuando por fin encontramos un sitio donde sentarnos sin ser apuntadas con el dedo, las luces se apagaron y el show dio comienzo.

Focos de jardín, cadenetas de vampiros y un grupo de unos 10 actores disfrazados con sombreros del Lidl y máscaras de juguete protagonizaban el escenario.

Recuerdo a la perfección como no entendí un carajo de prácticamente ninguna escena, al igual que también recuerdo lo que sentí cuando le vi.

–              Oye que bien lo hace ese…

–              ¿Cuál, Emma?

–              El de la máscara esa como de zorro.

–              ¿Cuál? ¿El alto?

–              No joe, el de la cara de zorro el gracioso…

–              Ah pues no me he fijado mucho…

En efecto, no lo habia hecho. Yo si.

Hay momentos en la vida en los que de repente te sientes protagonista de una comedia americana, te ilumina el foco con un filtro rosa, comienza a sonar una canción de Avril Lavigne y se hace un primer plano a tu cara con un tono púrpura con estrellitas y purpurina, pues este fue el mio. Momento en el que tras haber entrado en una escuela de sordos, dando el cante al asustarnos con una tela de araña de pega con gritito incluído por parte de CL y siendo miradas por toda la sala, me siento y le veo en el escenario. Metro ochenta, moreno, ojos marrones, rondará los veintimuchos y payaso por naturaleza.

–              ¿Crees que la profe me presentará al grupo?

Al margen de la verborrea de palabras ininteligibles, ese grupo era un puntazo. Rondaban todos entre los 30 y los 50 y cada vez que subían al escenario el resultado era el mismo: carcajada. No tardé en apuntarme al grupo, es más, creo que lo hice en el mismo descanso, justo cuando me presentaron a los integrantes.

–              Hi Emma, this is Mk.

–              Nice to meet you.

–              Nice to meet you too. Are you joining us?

–              Im not sure yet.

–              I hope you do, you were laughing so much, you would like it.

¿Se ha fijado en mi desde el escenario?

Tras una breve conversación basada en “sonríe y asiente” quedé en ir a probar la clase siguiente. Después de todo si era impro comedia y me quedaba sin palabras… algo habría que improvisar o reírme de mi misma haciendo el canelo. Decidí tirarme a la piscina, no tenía muchas más opciones teatrales y la paz de Crichu empezaba a quitarme el sueño y a convertirme en una especie de mutación genética entre humano y piedra.

Estuve toda la semana esperando a que llegara el lunes para ir a clase de teatro y ver si dos meses en la comarca me habían hecho un poquito más bilingüe o si definitivamente estaría condenada al nivel curricular medio español. Dicho esto, me vestí con mi camiseta de directora de teatro para ganar un poquito de confianza y me subí al coche de CL.

–              Todo va a salir bien, no estés tan nerviosa…

–              Yo no estoy nerviosa de verdad.

–              ¿Ah no? Pues ya no te quedan uñas…

–              Tienes razón, pero es que no les entendí un carajo en el show ese de Halloween, imagínate si voy y me pasa lo mismo.

–              Bueno pues les invitas a tu cumpleaños y ya te haces su amiga.

GPS: you have arrived to your destination.

–              Pues yo aquí solo veo árboles y oscuro…

Tuve que llamar tres veces para empezar a ubicarme con puntos de referencia tales como farola rota o stop despintado, aquello parecía el Bronx con una iglesia medieval como punto de encuentro, no sabía muy bien donde me había metido pero supongo que era parte de la aventura el perderme en un bosque rodeado de cristalitos y gatos británicos.

Llego, me ubico, me presentan al grupo, le veo, sonrío y apenas me atrevo a decirle lo bien que lo hizo el lunes pasado, entramos. Comienza la clase.

Fueron unas horas bastante entretenidas pero tengo que decir que me sorprendí gratamente al entender al menos una de cada diez palabras utilizadas en una frase de impro y las que no entendí me las inventé. Me hice la sorda y la española unas cinco veces y no caí en la cuenta de que el comodín del público era ese y lo había gastado en la primera clase.

La intención es lo que cuenta Emmurriel querida tu no te preocupes que estás aquí metida en la piscina y de momento nadie se ha reído de ti ( lo cual no sabes si es bueno o malo porque la impro se basa en la carcajada y sino la hay casi que es hasta malo, pero bueno).

El break for the tea, o excusa para tomarse la tacita de té con pastas que empieza a crearme un tipo de adicción, llegó justo cuando empezaba a comprender algo.

–              Do you want a tea?- Me dijo uno de los hombres del grupo.

–              Yes, it would be great.

–              You are doing it so good, you must be proud of yourself.

–              Thank you.

–              And you know that if you dont understand something, you can ask Mk he knows Spanish.

–              Really?

No sabía si creermelo o descubrirlo por mi misma. MK, el tipo con la máscara de zorro al cual no había podido quitar ojo en el show hallowinense sabía español y era divertido, ¡puede que tenga un amigo al fin!.

La clase termina y por fin se acerca a mi.

–              Where abouts in Spain are you from?

–              Madrid.

–              Oh lived in Madrid for a year.

–              Really?

De repente la profesora se acerca.

–              Emma, Simon is going to give you a lift, is that all right?

–              Emm yes it is, thank you.

Su cara cambia. MK mira a Simon, Simon mira a MK.

–              Maybe I can take you to you house, if you dont mind.

–              But Simon was going to give me a lift…

No le importó, a mi tampoco en exceso, qué carajo… los dos lo deseábamos.

El paseo en coche hasta mi casa fue interesante, no había tenido una conversación en inglés tan fluido en mi vida, incluidos los silencios incómodos y pausas para mirarnos. Al llegar no sabía muy bien que decirle, empecé por un gracias y cuando ya iba a bajarme del carromato recordé las palabras de CL.

  • Oh Im going to celebrate my birthday this Friday, maybe you would like to come.
  • Your Birthday? That means that you´re going to be over 18?
  • Ha ha… (que graciosito el tío…)
  •  It would be great, let me check if I can and I will let you know.

 

Le di mi número. Sí, le di mi número en el primer encuentro a solas, pero aún lo justifico con el hecho de que tenía que ponerse en contacto conmigo de alguna forma para venir a mi cumpleaños.

La noche de los muertos llegó, me disfracé con mi amiga Leticia de Madrid y nos dispusimos a descubrir el miedo que albergaba la única discoteca decente de Crichu donde todo tipo de gente tiene cabida y un rinconcito para etilicarse porque… no saben beber de otra forma. Dispuesta a tomarme mi sidra sabor frutas del bosque y brindar por una noche terrorífica fui interrumpida por un grupo de hombres vestidos con máscaras de hombres lobos y chaquetas de cuero.

  • Tía, ¿has visto a esa panda?
  • Si… vaya ciego llevan ¡y son las nueve!
  • Por mi que no se nos acerquen mucho…

Se quitan la máscara y de repente nos miran, ahí está: pato mareado.

  • La madre que le trajo… yo conozco a ese chico.
  • ¿El delgadito? Ay tía pues es muy mono…
  • Ya puede ser mono, que le conozco de hace dos meses y llevamos encontrándonos de forma aleatoria desde entonces y ni teléfono ni nada.
  • Será tímido…
  • Será.

Lo sería, pero esa noche estaba muy metido en su personaje. Me saludó con la cabeza, se acercó a hablarnos, y me habló de él. Era abogado y trabajaba en Crichu, vivía con dos amigos en un pueblo de al lado y hace teatro para perder un poco sus miedos, 32 años.

Bailamos toda la noche, Leticia y yo. Pato mareado nos intercambió algunas miradas pero cuando salí en busca suya para preguntarle por su Facebook y ser amigos (repito: andábamos escasas de contacto humano y amistad en Crichu), desapareció. Sin zapatito de cristal ni nada. Bomba de humo.

  • Allá a él, hasta el próximo encontronazo.

Tres días más tarde fue mi cumpleaños.

  • Hi Emma, is MK. Im texting you just for letting you know that im going to your Bday, see you.

Me preparaba para celebrar mi primer cumpleaños fuera de casa cuando me desperté con tres sobres llenos de cartas y felicitaciones de mi familia, un ramo de flores encargado desde España y un montón de Skypes para recordarme un gran mensaje: no estás sola.

Fue el mejor cumpleaños a distancia de mi vida. Leticia me dio una tarta y el turco me acompañó a un bar de tapas a almorzar. Lo celebré también con CL, después de todo era también su cumpleaños.

La noche llegó, la fiesta también. Iba a romper a llorar cuando vi el panorama que me esperaba: Leticia, mi compañero sosete del trabajo y su novia con cara de culo sentados en una mesa de cuatro. Yo quería huir en trineo hasta mi casa y bailar el danza kuduro. Ni rastro del resto de mis amigos de la escuela cristiana.

Media hora más tarde, cuando Leticia y yo contemplábamos como factible el corte de venas con el posavasos de cristal apareció MK vestido con una chaqueta de traje y el pelo repeinado.

  • Hi guys, wow… it seem that you´re having really good fun!

10 minutos más tarde las risas eran una banda sonora y el resto de mis compañeros de la escuela cristiana aparecieron, el cumpleaños cobraba sentido.

Se sentó  mi lado y no pude evitar pillarle mirándome de refilón y sonriéndome a las espaldas.

Me gusta.

  • Emma está cantado que os gustáis un montón, por favor…
  • Leti no sé yo eh, que la gente en este pueblo ya me pierde…
  • No seas boba, es un cielo y además tiene pinta de ser muy buena persona.
  • Si, eso sí… tiene cada chiste malo… Es adorable.

Le gusto. O al menos eso creo.

Unos cuantos chistes malos más tarde y me saca a bailar. Es británico nivel : infinito.

¿Cómo es posible que baile tan mal? Es un payaso, pero me encanta. Cuando me quise dar cuenta bailábamos a David Guetta cogidos por la cintura y le oía respirar en mi cuello.

Huele a casa.

Nos gustamos.

Me mira a los ojos, baja a la nariz, se ríe, ya está en el labio.

  • Emma… I need to do it.
  • Hazlo.

Y lo hizo. Al igual que al lunes siguiente cuando me recogió para ir a teatro juntos, al igual que lo siguió haciendo durante cada una de las veces que nos abrazamos durante las semanas siguientes. Y volví a 1500Km de Madrid a sentirme como en casa.

¿Alguna vez te has planteado a qué sabe un beso en los labios cuando el máximo contacto humano en las últimas 32 semanas ha sido el gato de CL pidiendo comida?

Sabe a un motivo más por el que vivir esta aventura.

Continuará…

 

 

 

 

8 comentarios en “He aprendido a caminar por la lluvia. Una de amor.

  1. Oh!! Muy bonita la historia la verdad,esos encuentros casuales,esas ganas de volver a verse,esa distancia que se te separa el día de tu cumpleaños de tus seres queridos pero aun así al despertar tienes esos pequeños detalles que a una en una ocasión como esa le hacen falta para saber quien esta y quien no a pesar de la distancia,¿Y ese final? Que bonito que acabaran juntos si señor,no se si esto te a ocurrido en realidad pero parece una escena de película 🙂 Un beso.

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    1. Muchísimas gracias por el feedback 🙂 Las escenas de película son las mejores! Me voy a dar una vuelta por tu blog que me ha entrado la curiosidad! Seguiré con mis historias por aquí, por si quieres estar al tanto:)

      Un abrazo!

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    1. Muchísimas gracias! Me alegra muchísimo que te haya gustado. Pronto subiré la continuación puedes estar atenta jaja 🙂

      Un abrazo!

      PD: las lagrimillas siempre son bienvenidas, y más en los días sensiblones!

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  2. Me dejas alucinada, me encanta como redactas, lo leía y parecía leer a un poeta del romanticismo con toques modernos por supuesto.
    Entiendo que trabajas fuera de España, no sé si te puede interesar, pero en mi blog tengo una sección donde colaboro con personas que viven fuera de España y cuentan su experiencia. Si te animas, escríbeme! Un beso

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    1. Buenas noches Lidia, muchísimas gracias. En efecto, ahora estoy trabajando y viviendo en Inglaterra. ¡Por supuesto que me animo! Si quieres escríbeme por privado al email y me cuentas con más detalle. Mi dirección es la que viene en la sección de contacto: emmam@hotmail.es
      Un abrazo y de nuevo muchísimas gracias 🙂

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