Cómo rebozarse por la alfombra en busca del contacto humano, o mejor dicho: Tinder.

There is a friend in me, o la necesidad de interactuar hasta con el gato. Capítulo inesperado hasta que se alcanza el mes y medio en la región del Rey Arturo.

¿Recordáis aquella canción de colegio en la que decíamos algo así como… “Tres cosas tiene Madrid que no tiene Moscú: El Neptuno, La cibeles y una amiga como tú”?

El otro día me vino a la mente y ha entrado en una especie de bucle en mi cabeza hasta comprender que en efecto, antes de la tortilla de patatas, el sol a todas horas o los horarios lo primero que se echa de menos al abandonar el país es… a tu gente. A tu gente y a la que no es tuya, a esa también.

Quizás parezca no tener sentido esto que estoy diciendo ahora mismo, pero lo tiene, ya lo creo.

Si cierro los ojos y pienso en Madrid, me imagino corriendo de un sitio para otro, quedando con mis amigos, haciendo planes y viendo como a mi alrededor hay más gente haciendo lo mismo. Porque Madrid es vida, está viva y está viva a todas horas. España lo está siempre ( a no ser que te vayas a un pueblo perdido de la mano de Dios en medio de Guadalajara o algo así…).

El caso es que me he mudado a una pequeña comarca al sur de Inglaterra y no hay demasiado que hacer… Bueno creo que estoy siendo muy generosa, porque ni demasiado ni nada que hacer. Las tiendas cierran a las 17:00 de la tarde, una hora a la que en España solemos levantarnos de la siesta y empezar a vivir hasta las 21:00, ¿verdad? ¡Si! Pues aquí todo chapa antes de que el gallo haya afinado las cuerdas vocales. Cuando te quieres dar cuenta no hay nada abierto. Y si necesitas imprimir el trabajo, comprar pepinillos, pilas, una camisa para el colegio, o un filete para la cena… lo siento amigo tendrás que improvisar con las provisiones de tus vecinos o si eres afortunado de vivir en una ciudad grande con las tiendas abiertas hasta las 21:00 ( están en peligro de extinción, pero existen) apañártelas de lo lindo.

Todas estas cosas son simplemente detalles del día a día que en el primer mes encuentras hasta entrañable, el segundo mes te cagas en to sus muertos y al tercero te acostumbras (eso dicen).

El caso es que aunque en ciertas ocasiones puedas sustituir el chino de debajo de tu casa por un Sansbury 24H, no sucede lo mismo con tus amigos. Y está claro que lo que más estoy echando de menos aquí es su compañía, saber que están ahí para tomarte la cerveza y el plan de cine decidido cinco minutos antes de que empiece la sesión.

Digamos que encuentro esta maravillosa región del Canal de la Mancha poco ociosa, no me importa el Grey and Green porque venía preparada, la comida está bien y los horarios… venga me adapto. ¡¿Pero a lo de estar sola sin contacto humano más de 6 horas?! Lo siento pero NO.

Es una faena tener que estar reprimiendo mi expresividad del mismo modo que un pedo en una entrevista de trabajo, me cuesta tremendamente no alterar a estos sujetos gélidos y educados con mi tono de voz por encima de los 2 decibelios y mis gritos en Fa# menor cuando algo me ilusiona, es duro, muy duro.

Hola me llamo Emma Muñoz y llevo más de 50 días recibir un abrazo.

La soledad es una divina compañera para todos aquellos mochileros de 30 que pretenden encontrarse a si mismos y romper unas botas del Decathlon, pero para las teatreras de 20 que solo vienen a improve el idioma es una PUTADA (si, en mayúsculas).

Una ya no sabe si revolcarse en la moqueta haciendo la croqueta o empezar a hablar con el gato.

Es necesaria esta extensa explicación inicial para entender mi alegría cuando, al empezar a trabajar en el universo Dirty Dancing (capítulo a parte) encuentras en cocina a un montón de españoles que comprenden lo que es el revuelque por la moqueta a las 11 de la noche. Dicho esto procedo a mi ansia de amistad e interactividad.

En mi primer mes en mi escuela cristiana, conocí a un montón de gente de todo el mundo que en poco tiempo se convirtieron en mis amigos y en compañeros de estos ratitos pasados por agua. Pero lo cierto es que solo estuve un mes allí y lo triste de estos sitios es que cada semana se va alguien y viene otro alguien nuevo, encariñarse es… mala idea.

El caso, cuando mi primer mes como princesa terminó, la soledad llamaba a sus puertas de forma estrepitosa. Pasé por el hotel donde como ya sabéis establecí unas cuantas relaciones pero… nadie sustituye a los tuyos, eso es cierto. Lo mismo sucedió en el jardín del Edén, nadie te saca a las ocho de la tarde para tomarte una pinta, es… otro mundo y es parte de la aventura, aunque a veces sea poco apetecible.

Cuando comencé a trabajar en el “Beach Coffee” mi vida anglosajona dio un giro por completo.

8 AM, apertura del café, sillas colocadas, máquinas encendidas, menús listos, croisants en el horno, estamos preparados. Al comenzar el día venderemos más cafés americanos; probablemente venga Kevin con su nieta de 3 años a desayunar, el lechero traerá a su sobrina esta mañana, ¡hombre mira, si es Jackie! ¿Te pongo lo de siempre?.

Mi círculo de conocidos se amplió considerablemente entre los miembros mayores de 60 años a la muerte, es entrañable y tiene su punto tierno pero comprenderéis a lo que me refiero cuando la soledad llama a tu puerta y tú no dejas de tropezarte con carritos y andadores en las aceras de las calles.

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Hola me llamo Emma Muñoz y llevo 60 días sin un abrazo.

Empezaba a considerar el volver al grupo de teatro con el fin de encontrarme a aquel pato mareado danzante y ver si quería ser mi amigo pero… no lo hice. Por el contrario comencé a indagar en el Facebook para ver si encontraba alguna actividad digna de ser probada. Comenzaba a desesperarme cuando de repente recibí un spam luminoso de mi querido ordenador… “Tinder”.

He de ser sincera, yo ya había oído hablar de esta aplicación donde el romanticismo y la caballerosidad son intercambiados por un corazón o una crucecita en función de la talla de sujetador o el ángulo de la cámara respecto a tus morritos. Pero empezaba a recibir el rechazo de la moqueta y de mis queridos “misifús” y me adentré en el universo “Tinder”.

Prejuicios a parte, es divertido. Y considerando el universo en el que vivimos tengo que admitir que va bastante a la par; tiramos lo que no nos gusta y adentrarnos a conocer a una persona como persona nos supone un trabajo poco “apetecible”, ¿por qué? Tal vez porque sólo nos apetece masturbarnos el ego, hacernos cinco selfies y comprarnos el nuevo Iphone, y así… así luego nos quejamos.

Pero no voy a adentrarme a hacer la crítica fácil de algo que en esta comarca me ha ayudado. Forma parte de la inmersión en Britishlandia: descubrir como se tontea en otro idioma.

Me llevó poco tiempo descubrir que, para los ingleses se es más guay si:

  1. Bebes hasta etilicarte.
  2. Viajas a mil sitios “around the world”.
  3. Juegas al rugby.

Mientras que para los españoles este top tres se resume en:

  1. Fotos de fiesta con flashes y efectos HDR.
  2. Fotos con niños pequeños que enternezcan a las hembras.
  3. Fotos en el Bernabéu.

En ambos casos si cumples con uno de estos tres tics, lo sabes, tienes el “me gusta” de la mitad de la población Tinderiana, pero hay algunas personas que nos salimos de esos esquemas. En mi caso mi top tres (el cual no revelaré por si las moscas) me llevó a conocer a una de las personas más interesantes de esta aventura: el turco.

El turco es un músico (de Turquía obviamente) que ha venido a esta bendita área para estudiar un máster de empresa. Finalista de un reality show musical en su país, hablamos de música, de teatro, de su cultura y la nuestra, y creo que es increíble que el destino me lo haya regalado en el camino.

En nuestra primera “cita” yo estaba bastante tranquila, en realidad quería un amigo no una relación con nadie. Paseamos, comimos en un kebab (que topicazo, ¿no?), vimos las gaviotas en la playa y me volví a la comarca. Estuvimos quedando y haciendo planes guays durante unas cuantas semanas. Le vi actuar, me presentó a sus amigos… He de decir que de no ser porque de vez en cuando tiene una forma rara de bajar los ojos y mirarme la nariz, pensaría que sólo me quiere como amiga. Y es así. A la quinta cita, la cosa dejó de ser una cita para convertirse en una“quedada” y descubrí que “el turco” es lo más cerca de un buen amigo que voy a tener aquí. Aún no tengo muy claro si él es consciente de que ha pasado a la “friendzone”, pero lo cierto es que creo que se empezó a hacer a la idea el día que le hablé de “el pato mareado bailarín” y algún muchacho más.

Pasaron las semanas y el jardín del Edén me seguía demostrando la esencia de la palabra “couple”. Algunas semanas más entre trozos de tarta de manzana y cafés “latte” (lo que viene a ser un cortado pero hasta arriba de leche y con un nombre fashion) dieron consigo la caída de las primeras ojas de los árboles y con ello la noche a las cuatro de la tarde y el final de un octubre pasado por agua. La rutina me empezaba a encajar como un vestido a medida, las palabras pasaban de chino mandarín a un alemán más comprensible por lo que podía deducir que mi nivel de inglés iba mejorando.

Finales de octubre, sábado, 15:30 de la tarde.

  • Two strawberry milshakes for the table 5, please.
  • Im on it!

Mezclo el helado con las malditas fresas congeladas y el sirope de vainilla, lo bato. Coloco el mejunge en dos jarritas de Ikea con sus pajitas de color rosa. Bandeja. Camino lentamente sin mirar nada más que la bandeja. Llego a la mesa cinco.

  • Here you are, two strawberry milshakes.
  • Thank you very much.

Levanto los ojos de la bandeja.

  • Oh, you are the girl from the theatre group!

Señor karma, gracias.

  • Haha yes I am. How is your show going? Are you learning how to dance?
  • Well, as I told you, you havent seen me so much… Are you working here?
  • Yes I am. Its a really nice place (por algo lo llamo jardín del Edén).
  • Yes, its really nice… Will you come back to the rehersals?

Sonidos de fondo.

  • Emma please can you clean table 2 and prepare this drinks?

Retorno a sus ojos.

  • I have to go.
  • Oh yes, sure. See you soon.

“¡¿Qué coño?! Mira que el universo es grande e infinito para que “el pato mareado” venga a tomarse un batido de fresa a mi cafetería, a ver si me deja en un papelito su número o algo así, jo, eso sería super de peli…”

No lo hizo. Al igual que descubrí que le costaba mantenerme la mirada y que yo, por alguna extraña razón, me ponía muy nerviosa al verle sonreir.

  • Girls can you put all the Halloween decoration? We have to prepare the coffee shop for the kids.

Halloween llegaba en menos de una semana, y lo que vino con él… queda lejos de ser una historia de terror.

                                                                                                                                                                          Continuará…

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2 comentarios en “Cómo rebozarse por la alfombra en busca del contacto humano, o mejor dicho: Tinder.

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