Una no sabe inglés hasta que no aprende a dar largas, en inglés.

LOVE is in the air.

Amor se dice “Love”, pero esta es una palabra a la que las películas, series, revistas y medios de comunicación nos han instruído durante toda nuestra infancia española. Amor o Love es algo que da sentido a las comedias románticas, al San Valentín y a los domingos de mantita y taza de té frente a la tele. Es una maravilla tener esta visión de algo que para los británicos es tan empalagoso como para nosotros.

Parte del billete Madrid – Londres incluye una dosis de guapismo y de ansías por conocer a gente del género masculino en el país de destino, aunque cuando llegas te das cuenta de que mejor… sólo como amigos (o eso creía yo al principio).

Antes de empezar con este capítulo, tengo que aclarar que: “para gustos los colores” y hay colores para todos. Pero yo soy una de esas españolitas a las que les pierde un “macho ibérico”. Tiene poco sentido si pensáis en “Arrivederci Roma”, pero como ya dije ahí “Italy and Spain, sometimes is the same”. El caso es que antes de poner tu templado pie en la gélida y húmeda campiña inglesa te avisan muy mucho en España de la distancia y frialdad con la que tratan estos británicos.

Y es que está más que estereotipado su “politisimo” (que son mu polites vaya), su distancia, su formalidad, su puntualidad y monóculo con taza de té a las 5.

Yo, como una españolita más, vine esperando encontrarme algo por el estilo, bailes con hombres en pose de tronco mal caído, y bloques andantes que se quedan en casita viendo la BBC, pero no. Bueno, no tal cual.

Lo del tronco andante es un estereotipo confirmado y debe ser porque en este país la música que se pone para bailar no es bailable, vaya que a la quinta canción de David Guetta ya te dan ganas de ahorcar al DJ y enchufar tu móvil para poner “Yo soy tu gatita” o “Ayer la ví”. Una se vuelve latina a base de no poder expresarse, creo yo.

Otro pensamiento que con el tiempo voy confirmando es el de que las españolas traemos una especie de calor mediterráneo que atrae al británico alarmado por el tono de color “carne” que tenemos bajo el jersey, porque es carne tostadita y no albino nuclear (que es básicamente a lo que están acostumbrados).

Mi primera experiencia con el macho británico fue de todo menos agradable. En este caso tuve la mala suerte de topar con un inglés recién divorciado como jefe de un curro nada molón que no merece la pena ni hacer capítulo a parte.

Mi segunda experiencia con el género masculino británico vino también de la mano del hotel “Palacio Marino”, aquel simpático y divertido compañero que me acompañó durante mi primer día: JK.

Cuando empecé en el universo hotel explotahumanos ligué con un chavalito de mi equipo. Pasadas las primeras semanas intenté hacerme amiga de JK, pero de nuevo la comprensión lectora cibernética impedía una posible amistad entre el sujeto y yo. Por más que intentaba decirle que yo quería un amiguito aquí el no dejaba de responderme cosas así:

“ Oh dont worry babe, we can be Friends too. Come to mine and we cuddle and watch a film”.

Traducción:

“ Si, si… amiguitos y lo que surja. Vente tu pa mi casa que la tengo libre y te voy a meter de todo menos miedo con banda sonora de peli de fondo”.

Digo lo de banda sonora porque eso es a parte. Para una Comunicadora Audiovisual el plan de ver una peli es: ver una peli. Y lo de ponerla de fondo para darte el lote mientras tanto solo funciona con las comedias románticas de los 80 y… si eso.

Dicho esto prosigo. El plan de irme a su casa a acurrucarnos y darnos el lote fue propuesto una media de 6 veces en una semana, proporcional al número de veces que intenté darle largas sin cargarme al único contacto humano que había brotado en un mes a mi alrededor. Pero, mujeres españolas estaréis de acuerdo conmigo en que una no sabe inglés hasta que no aprende a dar largas, en inglés. En ese caso, mi nivel británico en el tema de las largas era más bien un First.

En cuestión de semanas “Jk” se convirtió en el plasta que sólo me quería para solventar la pena que su cuerpo sentía al haber sido dejado por su exnovia rubia de media neurona. Y mira que parecía majo al principio, pero lo que es química no nace sólo por invitar a una cerveza, aunque no lo entiendan. Lo cierto es que los hombres aquí son menos directos para unas cosas como los españoles, pero lo que es inteligencia emocional femenina… carecen un poquito más. Vaya que aún no saben que el “no” es claramente un “sí” y que el “tu verás” es situación en llamas, pero prosigo.

Este es el momento en el que me di cuenta de lo sola que estaba, el momento en el que te planteas coger el tren para aceptar los arrumacos de un petardo sólo con tal de dejar de hacer la croqueta por el suelo del salón una vez más por ansia de contacto humano.

Pero no va conmigo, sigo siendo la siesa teatrera de las madalenas y el chocolate, y además empiezo a recrearme en ello.

Otras tres invitaciones de Jack a su casa y otros tres intentos de rechazo más tarde, entré a la cocina del hotel decidida a quemar las tres huellas dactilares que aún quedaban con vida cuando de repente algo cambió mi cara…

  • Toma chiquilla, esto es para la mesa 23.

¿Qué es eso? ¿Un pájaro? ¿Un avión? ¡Es un joven granaino de 23 llamándome chiquilla!

En ese momento no sabía qué hacer, si romper a reír o a llorar, por lo que opté por despertarme del coma a base de leches con las bandejas que se me cayeron de la emoción. Tal fue mi alegría al encontrarme a gente de mi edad y de mi tierra en Britishlandia que pronto intenté ganarme su simpatía y amistad a toda costa, con mucho ahínco y determinación. “Doing my best”, pero de lo lindo… quizás demasiado.

Me acercaba a la cocina con cualquier excusa con tal de parecer simpática, hasta que un día me agregó al Facebook. (Bieeeen).

Te habla, parece simpático, hay cierta reciprocidad, nivel de respuesta ágil… en fin que tú ya te vas ilusionando y empezando a meter emoticonos cuando te das cuenta de que en persona no es tan fluida la cosa como en el ciberespacio y que aunque estás fuera de casa no puedes llenar el vacío de los tuyos con el primer guapete español que conozcas, al menos no si no hay “feeling”.

Que la soledad es mu mala y las luces en este país se pierden cuando se necesitan para ver el camino de vuelta a las cinco de la tarde, qué se le va a hacer. Recoge tu dignidad y sigue repartiendo bandejitas de pollo confitado.

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Así seguí, recogiendo bandejitas y puliendo cubertería con sonrisas a media tinta entre entradita y salida en la cocina, hasta que un día me fui del hotel “Palacio Marino”. No cuajó mi amor con ningún susodicho de ese entrañable lugar, pero lo que sí puedo decir es que a día de hoy tengo unos cuantos amigos más y una confianza en mí misma que supera con creces mi primer mes entre bandejitas y olor a fregao.

Una vez dejado aquel lugar de “ensueño” comenzó mi experiencia en el real jardín del Edén, también llamado “Beach Coffee”, donde cada día en esta pequeña comarca podía conocer a una pareja anciana entre los 70 y la muerte. Allí descubrí y a día de hoy sigo descubriendo lo que significa la palabra “ternura”, “lealtad” y “amor”.

Y es que el amor está en el aire más que nunca, cuando veo estos entrañables matrimonios cortando la tarta de manzana con el mismo tenedor o acomodando a sus esposas con andador y carrito, eso sí, eso es amor de verdad.

Pasaron mis primeras semanas en la cafetería y decidí volver a un ensayo del grupo de teatro del principio. La rutina se me empezaba a hacer un poco cuesta arriba. Mi intención era la de siempre, volver a un ensayo de una compañía llena de jubilados  y sus nietos por amor al teatro, para darle al play a su casete. Pero algo cambió en el ensayo cuando de repente descubrí entre los miembros del coro a un guapete y feliz pato mareado andante de edad razonable y sonrisa “Trident”. Fue instantáneo.

Le conocí intentando caminar y dar palmada a la vez, acabó en el suelo.  Me reí, se rió. Me miró y le aparté la mirada aún entre carcajadas. Paramos a descansar.

  • What do you think is so funny?
  • You are a really bad dancer.
  • Are you sure? Its because you havent seen me so much.

Continuará.

 

 

 

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