Los “kitchen porter” de Europa. Dirty Dancing, PARTE II. (Continuación)

TRAS EL DOMINGO DE PRUEBA…

Después de este agotador y chunda chunda workday mi Boss me recoge en mi hostcasa de Crichu y me lleva a ver las habitaciones de los currantes. Aquí es donde realmente empieza el universo: DIRTY DANCING.

Al llegar al recinto donde se encontraba dicho edificio. Yo estaba tranquila y dispuesta a sorprenderme por una acogedora y dulce habitación inglesa. Mi mente y mi alma estaban en calma y en una posición optimista y open- minded. Hago este pequeño inciso para no parecer exagerada en mi posterior explicación, ya que lo que me encontré al abrir la puerta de dicho bloque fue una especie de apartamento en ruinas.

Unas escaleras empinadas y pequeñas me saludaban con sus crujidos a mi paso. Una moqueta prehistórica gritaba para ser socorrida, digamos que aún a día de hoy mantengo mis dudas sobre su estampado… ¿serían manchas de sangre?

Tras esa majestuosa alfombra, un largo corredor daba paso a las habitaciones reales. Aún recuerdo el escalofrío que me recorrió la espalda cuando mi Boss abrió la puerta y vi el esplendor de esa caja de zapatos, quiero decir que… ¡he visto bunkers de la 2º guerra mundial con más espacio para respirar que ese zulo de 2×4!

  • No pasa nada, me dije a mi misma… seguro que el baño es mejor…

Lo mismo pensaba el habitante principal del escusado. Una pequeña versión del señor Samsa me saludaba desde la taza del inodoro y yo sólo quería llorar, pero como se me está pegando esto del “politismo” dije algo así como…

  • Can you clean the room before start living here?

Lo que quiero decir es que la vida de un español en Britishlandia pinta mucho mejor cuando vienes de princesa con el dinero de papá, pero la vida que te depara al pasar la barrera del primer mes… depende de cuánto y qué estés dispuesto a comer. En mi caso no tardé en agarrarme a la pierna de CL (mi hostmamá) y disfrutar a su lado de este maravilloso vínculo creado para convivir en armonía y compañía. Y si para ello tenía que alimentarme a base de sándwiches de crema de queso, lo haría.

Tras esta expedición propia del mejor Frank de la jungla, mi Boss decidió que fuéramos a recoger a mi compi y a tomarnos un algo. En efecto, recogimos a la rubita y fuimos al bar conocido como “El de siempre”.

Para aquellos que no estén acostumbrados a las series americanas y películas de la BBC, informaré que “El de siempre” es un bar indispensable en toda vida anglosajona que se precie. Es el lugar donde la cerveza y la CocaCola molan mucho más porque puedes decirle al camarero:

  • Ponme lo de siempre, Mike.

Y entonces eres feliz comiendo panchitos. Aunque esto es algo que merecerá un capítulo aparte, ya que aquí… no comen panchitos, ni patatuelas, ¡ni nada! Ellos solo beben la cerveza y fuman cigarros electrónicos raros con sabores.

Una vez llegamos a “El de siempre” mi Boss y mis compis me pusieron al día de sus gustos, sus salidas, sus entradas, sus fiestas… Una vida totalmente típica Dirty Dancing.

Este mundo es el opuesto a mi escuela cristiana, es la bacanal, la orgía salsona a menos 30ºC, la hecatombe… ¡TODO! Y yo soy la nueva española… A ver cómo les explico que soy la siesta teatrera del Colacao y las madalenas…

Cuando sales de España te das cuenta de que tienen una idea un poco rara de nosotros. Yo a día de hoy no camino con la pandereta en la mano ni bailo sevillanas encima de una mesa mientras me como una paella con las manos y grito “ole”… pero supongo que el cine español de los 50 ha hecho mucho daño.

En el repertorio de cotilleos a saber, constaba uno que me repercutía personalmente:

  • Le gustas a JK, si, le gustas mucho.
  • ¡Malditos ingleses! JK me conoce de un solo día, ¿cómo es esto posible?

Obviamente es algo que no dije, pero no comprendería hasta semanas después que esto no es la Britishlandia que yo esperaba… Bienvenida a Dirty Dancing.PicsArt_1447029710706

La semana en el hotel comenzaba, cada mañana me levantaba con energía y ganas de
afrontar un nuevo día en el exilio contenta por sentir que mi bilingüismo iba a cobrar forma, pero lo cierto es que la situación no estaba demasiado a la altura de las expectativas.

Me hizo falta un fin de semana para corroborar que los españoles somos a Europa lo que para España eran hace 15 años los sudamericanos buscándose la vida.

El caso, que pa ellos mi contrato era como lo que para mi fueron las clases de matemáticas en secundaria, fumables cuanto menos. Recordaba con anhelo esa conversación en la entrevista cuando mi Boss me decía que serían 40 horas a la semana, con descansitos y esas pijadas que de vez en cuando se piden. Trabajé en menos de dos días una media de 26 horas sin parar para cenar, y cuando ya empezaba a dispersarme entre el olor a fritanga y vinagre recordé un sabio consejo de mi señor padre:

“ Tu objetivo es aprender inglés, no currar en algo que te machaque. No pierdas el tiempo, cielo.”

En varias ocasiones había ido a la cocina con el objetivo de escabullirme de las pilas de platos que parece que los que no somos españoles, polacos o búlgaros no saben cargar y me refugiaba en los gritos en español de media cocina porque, se me olvidaba comentar que mi operación bilingüismo iba directa al fracaso al encontrarme una cocina repleta de españoles en busca de “el sueño inglés”.

En ese momento, cuando mis pies parecían un par de percebes pasados por agua al vapor y mi cara empezaba a cobrar la forma de la madrastra de Blancanieves, salí del hotel. Pero no porque lo dejara sino porque se había acabado mi jornada.

Entre lagrimitas de cocodrilo y canciones de los Chichos reproduciéndose en bucle me dispuse a imprimir 20 copias de mi CV y recorrer las calles de Crichu como si no hubiera mañana.

  • Tengo que encontrar otra opción joder, esto no es España.

5 tiendas, 3 cafeterías y una librería más tarde me dispuse a celebrar la poca energía que me quedaba en mi cuerpo con uno de mis paquetes de jamón serrano, me supo a gloria y me dormí.

Al cantar el gallo tuve que volverme a enfundar en unos pantalones de funeral y una camisa de oficinista para volver a aquel infierno al que había osado llamar “Palacio Marino”. Veamos qué maravillas nos esperan hoy. Caminaba alegremente con un paraguas de una libra que tardó menos de un tema de Shakira en ser devorado por el viento. Empezaba a sonar Quique González cuando de repente recibí un sms:

  • Hi Emma, im S from the Beach Coffee, are you looking for a job? Maybe you can come tomorrow and see if you´d like to work with us.

Es cierto que cuando en Inglaterra cierras una puerta se abre de par en par una ventana.

  • Im sorry, I want to leave you. This is not the job that I expected and I think you must be more clear with your future employes. (A tomar por culo el hotel)

Porque si algo he aprendido en 22 años en España es que mi orgullo no me lo pisa nadie, aunque ahora seamos los “kitchen porter” de Europa en el fondo seguimos siendo los mismos canijos que abandonamos nuestras casas con una maleta y un montón de paquetes de jamón imaginándonos vivir una especie de sitcom americana. Seguimos siendo los mismos héroes de barrio y los ídolos de todos aquellos que nos esperan con la bandeja de turrón cada año, y no. No pienso permitir que ningún inglés ni ningún “nadie” vuelva a olvidarse de que soy una princesa, o mejor dicho: un ser humano.

  • Bueno mamá, mañana tengo la entrevista en la cafetería, te llamo en cuanto salga y te cuento.
  • Vale cariño, pero no lo olvides porque quiero saber cómo…

Continuará.

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