Aquí seguimos, racionando el jamón serrano.

Dejando de ser una princesa y haciendo frente a las entrevistas de trabajo.

Una semana más tarde ya tenía hecha una especie de nueva rutina: clases por la mañana, comida, paseos por la noche, cenas con CL y escribir.

No tardé demasiado en adaptarme a este horario, el clima (inesperadamente bueno) me lo puso muy fácil.

De vez en cuando me iba de viaje con la escuela, me dio por sentirme una especie de “Mi cámara y yo” vaya, lo típico; turista japonés nivel 2.

Los días de cabeza, me iba a caminar y a perderme por las calles de Crichu, lo que no sabía yo de este pueblito era que cuando te pierdes ganas la maravillosa experiencia de aparecer en una reserva natural, de manera que con la tontería en dos semanas había descubierto tres reservas naturales al borde del otoño. Ni que decir tiene que eso era bonito bonito, ahora si la “panzá” a andar para no darle al tarro que me metí compensó todos los muffins de diferentes sabores probados durante mis primeras semanas en Britishlandia.
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No me llevó mucho tiempo adentrarme a conocer mi primer grupo de teatro local. Me introdujo uno de los profes de mi escuela. Eran una compañía bastante bariopinta de gente muy maja que toma té con pastas y adora la purpurina. Los miembros tenían desde 3 años hasta la muerte, esto es bastante normal en Crichu, pero con la diferencia de dar un salto de los 12 a los 40 donde parece ser, Durex lanzó su campaña de publicidad más potente de la historia, por lo tanto seguía estando una miaja “alone”.

Además del teatro, las coles de bruselas y mi descubrimiento de las tiendas de caridad inglesa (donde comprarte ropa es más barato porque huele a anciana de 200 años al borde del ocaso) poco más podía añadir a mis primeros meses que mereciera la pena ser contado; empecé a escribir y a perderme un poco entre bolis y cuadernitos tamaño bloc de notas infantil. Me sebí sentir muy pro porque a día de hoy aún sigo paseandome con el cuadernito en el bolso como si fuera “JK Rowling”.

Mi primer mes de princesa llegaba a su fin, y la entrevista de trabajo para entrar en el hotel se acercaba progresivamente. Mi contacto español me escribió una mañana y me dijo: “Mañana tenemos la entrevista, no olvides llevar tu CV”. Mentalmente preparada para este importante momento. Debía dejar mi corona a parte para calzarme mi falda seria de entrevistas y mi camisa roja de española oficinista. Cinco documentos finalizados en “CVENGLISH12345” más tarde, ya estaba lista para ese incómodo momento donde se ponen en práctica todos los listening del Vaughan: la entrevista.

Al borde del ataque de nervios lingüísticos llegué una mañana soleada de Septiembre a las puertas de un precioso hotel moderno, elegante y con un estilo costero. Parecía el palacio de la princesa Ariel, y yo ilusa e inocente me dejé impresionar por las barandillas impolutas y las alfombras con motivos marinos, sin caer en la cuenta de que si estaban impolutas era porque alguna pringada ( seguramente española o búlgara) había ido con el aspirador dale que te pego toda la mañana.

La recepcionista nos acompañó a mi contacto y a mi a la librería y ahí esperamos al señor que me iba a entrevistar, el que sería a partir de ese momento: mi jefe.

Tres vasos de agua más tarde, el susodicho apareció.

Se trataba de un bicho palo de unos 40 años con una cadena cani al cuello y un estilo un tanto informal de colegueo combinado con camisas de color pastel y pantalón oscuro. Todo fue bien, mi nivel de comprensión auditiva había mejorado una miaja en mis primeras semanas y me sentía así como en mi salsa.Apalabramos las condiciones: 40 horas a la semana, dos días libres, inglés las 8 horas al día y un trato con el cliente que me permitiría improve de lo lindo.

  • You will find this really easy, you´ll see. We will make you feel like in home.

Aún no entendía el significado de esa frase, inocente e ilusa esperaba iniciar mi maravillosa experiencia laboral en el gran hotel Palacio Marino.

Antes de irme, un barman malagueño me sonrió y me dijo:

  • Niña, que lo que tú necesites me lo dices y aquí estoy.
  • Muchas gracias, a ver si hay suerte.
  • Ya verás que sí hija.

El caso es que las entrevistas de trabajo en Inglaterra no son como en España. Cuando tienes una entrevista de trabajo aquí ( a no ser que sea en un curro cualificado) las probabilidades de que te cojan son bastante altas, más que nada porque sino ni te citan. Trabajo hay, ya lo creo, pero ni por todo el oro del mundo te harán sentir como en casa.

Horas más tarde, tres tazas de té con chorrito de miel y dos documentales de la BBC, subí a hablar con mi madre por skype cuando de repente lo ví: una nueva petición de amistad. Sorpresa la mía que esperaba ansiosa la respuesta de mi entrevista de trabajo, creo que ahí estaba:

  • Mamá, mi posible nuevo jefe me ha agregado a Facebook.
  • Eso es que te cogen fijo, princesa.
  • ¿No es un poco raro para ser Inglaterra que mi jefe me agregue?
  • Que va hombre, querrá ser majo…

Majo o no el hotel encerraba un montón de misterios a resolver.

  • Bueno pues nada, voy a aceptarle, y a ver si me han cogido o no.

Continuará…

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